INCERTIDUMBRE 2016-11-28T11:50:02+00:00

Millones de personas vagan a la deriva de una historia no elegida. Vidas ancladas en puntos de no retorno, atrapadas en un bucle del tiempo que se repite una y otra vez en el transito de norte a sur, de oeste a este. La huida transitoria deja de ser temporal para dilatarse y fijarse irremediablemente en el tiempo. Centros de detención, campamentos, expulsiones, la espera por las ayudas que no llegan, la consolidación de las generaciones perdidas…

Las ciudades del exilio emergen de la huida, al mismo tiempo que se consolidan populistas héroes de resistencia contra la “dictadura” de la acogida. El miedo se sigue extendiendo. Francia, Bruselas, Alemania, Reino Unido, Bulgaria… Cada campamento desmantelado/quemado, cada familia de nuevo desplazada incomoda violentamente a los países miembros, que se afanan en activar y hacer efectivos los mecanismos de reparto y acogida.

El movimiento genera movimiento no solo en las permeables fronteras, sino también en la vida de miles de familias que ven cómo el nuevo comienzo se alarga en el camino. El sentimiento del retorno —esa esperanza de volver algún día a su país— crece entre las esquinas de las tiendas de campaña, mientras las alambradas y retóricas legislaciones kafkianas europeas recuerdan a cada refugiado que solo están de paso.

La guerra persiste, se estanca, evoluciona, se repite… y, como madre de todas las cosas, continuará vomitando sufrimiento, desolación, forzando a millones de personas a huir de nuevo y a seguir dando sepultura a sus muertos.

 

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