FRONTERA 2016-11-27T17:40:51+00:00

La alargada sombra del éxodo continúa desdibujando las fronteras de Europa al grito de las invasiones bárbaras. El miedo y la falta de unidad se han esparcido en las entrañas de los 28 países que conforman el viejo continente, cristalizando la desmembración y el resurgimiento de antiguos fantasmas que parecían haber sido enterrados en los pactos de los países miembros. Europa continúa fortificando sus fronteras ante la demostrada permeabilidad de ellas y las decisiones unilaterales que compiten con los pactos del interés común.

Las alambradas se extienden al son de millones de personas que arriban a sus puertas. Hungría, capitaneada por el Gobierno de Viktor Orbán, lidera el rechazo a los refugiados en el Grupo de Visegrado (creado en 1991 y compuesto por la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia, se niega a aceptar la propuesta de cuotas de la Comisión Europea) y sus palabras parecen seducir al viejo continente.

La férrea estrategia de blindaje con la construcción de dobles vallas, expulsiones en caliente y/o devoluciones para reducir las llegadas, cosecha cada vez más adeptos en una UE en la que el sistema de reparto obligatorio avanza hacia el fracaso y hace tambalear la zona Schengen.

Los continuas olas de violencia sufridas en Francia, Alemania o Bélgica han reavivado el discurso nacional populista que se aferra en vincular la crisis humanitaria que sufren millones de refugiados con el terrorismo, del que, de hecho, huyen esparciendo el odio más corrompido y materializando el escepticismo ante la (in)capacidad de Europa para gestionar la emigración irregular, la búsqueda de asilo y la coherencia de sus responsabilidades morales-legales tan arraigadas en el tejido político del continente.

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